Hoy no tenía pensado escribir este post. «Tocaba» boda, como todos los miércoles, pero la actualidad manda y he preferido retrasar el post que tenía preparado para la semana que viene y escribir este otro.
¿Y sabes por qué? Porque ayer leyendo el periódico me llamó la atención esta noticia: UNA MODELO DE 18 AÑOS EDITA SUS PUBLICACIONES EN INSTAGRAM PARA MOSTRAR LA VERDAD TRAS LAS FOTOS.
«Essena O’Neill, de 18 años, ganaba miles de dólares siendo modelo en Instagram, pero eso cambió la semana pasada. Esta australiana borró 2000 fotos de su cuenta y cambió el nombre a “Las redes sociales no son la vida real”.

«Aquí tenía acné, llevo mucho maquillaje. Sonreía porque pensaba que tenía buen aspecto. La felicidad basada en la estética puede asfixiar todo tu potencial».
Me llamó la atención porque me he planteado muchas veces esta realidad: cómo las redes sociales pueden destruir la personalidad y la autoestima de una persona.
Nos encontramos en una sociedad donde lo material prima por encima de todo y las redes sociales se han convertido en el escaparate de esa vida artificial a la que todo el mundo aspira.

NO ES LA VIDA REAL: Hice más de 100 fotos en una pose similar intentando que mi estómago apareciera bien. Apenas comí ese día.
Le grité a mi hermana pequeña que siguiera haciendo fotos hasta que me quedé contenta con esta imagen. Sí, unas #metas maravillosas.
Yo he sentido esa sensación muchas veces. No conmigo misma, que reconozco que soy una persona con gustos muy «simples» y no me atrae para nada la apariencia, la moda o los grandes eventos, pero si que lo he sentido con LeBlue. De hecho, sólo utilizo las RRSS de forma profesional, pero a veces me doy cuenta la gran competitividad que existe en este terrero, cómo la gente se esfuerza en parecer lo que no es y cómo se busca el «like» o los seguidores como si eso fuese parte de la profesionalidad de una empresa.
Esto es lo que me entristece. Por eso cuando ayer leí esta noticia me alegré de que ella se hubiera dado cuenta del bucle en el que había entrado y cómo vivir de la apariencia no hace a nadie, y repito a NADIE, una persona feliz.

NO ES LA VIDA REAL: No pagué por el vestido, hice incontables fotos intentando estar estupenda y sexy en Instagram, ir tan elegante me hizo sentir increíblemente sola.
Creo que esto se puede extrapolar a las empresas y cómo todas se empeñan en parecer que todo es perfecto, sin hablar en ningún momento de los días malos (que los hay, y muchos), de las 24 horas/7 días a la semana que trabaja un autónomo, de los problemas con proveedores, equipo y demás personas implicadas o de los desplantes que muchas veces te encuentras por parte de otros profesionales.
Al final me quedo con lo mismo que digo siempre: Lo único que puede hacer feliz a una persona es su determinación por buscar su camino en la vida, aquello que verdaderamente le apasiona. Y para hacer esto se necesita coraje, se necesitan ganas y se necesita una gran personalidad. Si eres feliz no necesitas publicarlo a los 4 vientos, enseñarlo en todas las redes sociales y creerte superior a nadie. Si eres feliz crearás una empresa feliz (con mucho esfuerzo y con muchos baches en el camino) pero la crearás y buscarás la forma de alegrar y hacer feliz a los que están a tu alrededor.

Lo único que me hizo sentir bien ese día fue esta foto. Qué deprimente. Tener un cuerpo en forma no es todo de lo que somos capaces los seres humanos.
Lo único que pretendo con este post es que te quede claro esto. No todo lo que ves en las Redes Sociales es la realidad. Las personas y empresas a las que sigues sólo te están enseñando lo que te quieren enseñar, lo que quieren mostrar. Y no hay nada de malo en eso, pero no creas que tú eres peor por no tener 140 K seguidores o por no tener una barriga así de definida. No entres ahí. Mejor esfuérzate por construir tu personalidad, por vivir de lo que te apasiona, por hacer del mundo un lugar mejor donde vivir o por disfrutar más tiempo con los tuyos. Busca ser feliz y olvídate de los likes 😉 ¿Estás de acuerdo?